¿Alguna vez pensaste por qué publicamos tanto?

Cuando lo privado deja de ser privado en la era de la hipervisibilidad

Te hago una pregunta.

La última vez que saliste a tomar un café…

¿Lo disfrutaste primero o primero sacaste una foto?

No hace falta que me respondas. Porque, si somos sinceros, la mayoría hacemos lo mismo.

Publicamos una historia. Compartimos un logro en LinkedIn. Mostramos un viaje, una comida o una capacitación. Y casi nunca nos detenemos a pensar por qué sentimos la necesidad de compartirlo.

Hace algunos años, muchas de esas cosas quedaban en nuestra vida privada. Hoy viven en Internet. Y probablemente ahí permanezcan mucho más tiempo del que imaginamos.

Ese cambio no ocurrió por casualidad. Las redes sociales transformaron nuestra forma de comunicarnos, pero también cambiaron la manera en que construimos nuestra identidad. Ya no solo usamos Internet para informarnos o hablar con otras personas. También la usamos para contar quiénes somos.

En este artículo quiero reflexionar sobre una idea que me llamó mucho la atención: ¿realmente seguimos decidiendo qué mostrar en Internet o las propias plataformas empezaron a influir en esas decisiones?

Entonces, ¿qué cambió realmente?

Cuando pensamos en Internet solemos creer que lo único que cambió fue la tecnología. Sin embargo, cambió algo mucho más profundo: cambió nuestra forma de vivir.

Antes, la mayoría de los recuerdos quedaban en un álbum de fotos, una conversación familiar o un cajón. Hoy los publicamos. Compartimos dónde estamos, qué hacemos, qué pensamos e incluso cómo nos sentimos.

Carlos A. Scolari explica este fenómeno en Media Evolution a través de una serie de mutaciones de los medios digitales. Una de ellas es el paso de lo privado a la hipervisibilidad.

En otras palabras, muchas situaciones que antes pertenecían únicamente a nuestra vida personal hoy forman parte del espacio público digital.

No significa que mostremos absolutamente todo. Significa que construimos una versión visible de nosotros mismos. Elegimos qué publicar, qué ocultar y qué historia queremos contar sobre quiénes somos.

Si lo pensamos un momento, nuestro perfil de Instagram o LinkedIn nunca muestra nuestra vida completa. Muestra una selección. Detrás de cada publicación también existen dudas, errores, frustraciones y procesos que casi nunca aparecen en pantalla.

Y eso también comunica.

Mostrar también es comunicar

A veces pensamos que publicar una foto es solamente eso.

Una foto.

Pero en realidad cada publicación dice mucho más.

Cuando alguien entra a nuestro perfil, empieza a construir una idea sobre quiénes somos.

No porque nos conozca.

Sino porque interpreta lo que ve.

Si publicamos sobre viajes, probablemente piense que viajar es importante para nosotros.

Si compartimos contenido profesional, imaginará que disfrutamos de nuestro trabajo.

Si mostramos una rutina de entrenamiento, quizás crea que el deporte ocupa un lugar central en nuestra vida.

Y, curiosamente, todo eso puede ser cierto…

…o no.

Porque una publicación nunca muestra la historia completa.

Muestra una parte.

La parte que elegimos hacer visible.

Lo que mostramos también construye quiénes somos

Las redes sociales no muestran solamente lo que hacemos. También ayudan a construir la imagen que otras personas tienen de nosotros.

Pensemos en un perfil de Instagram. En apenas unos segundos podemos sacar muchas conclusiones sobre alguien.
Qué le gusta.
A qué se dedica.
Qué lugares frecuenta.
Qué valores parece tener.

Aunque nunca hayamos hablado con esa persona. Y lo mismo ocurre con LinkedIn. Cuando entramos al perfil de alguien vemos su experiencia, sus proyectos, sus publicaciones y sus logros. Pero nunca vemos la historia completa.
No vemos los errores.
Las dudas.
Los días difíciles.
Los proyectos que no funcionaron.
Las oportunidades que perdió.

En otras palabras… no conocemos a la persona. Conocemos la versión que decidió compartir. Y eso no significa que esté mintiendo. Significa que, como todos nosotros, construye una identidad digital seleccionando qué parte de su historia quiere hacer visible.

“No mostramos nuestra vida completa. Construimos una representación de quiénes somos.” Erving Goffman

Esta idea dialoga con lo que plantea el autor en La presentación de la persona en la vida cotidiana. El autor explica que, en toda interacción social, las personas mostramos una versión de nosotros mismos según el contexto y el público con el que nos relacionamos.

Mi caso

Mientras escribía este artículo pensé mucho en mi perfil de LinkedIn.

Ahí comparto proyectos.
Ideas.
Procesos.
Aprendizajes.
Y también algunos logros.

Pero hay muchas cosas que nadie ve.

Las reuniones que no salieron como esperaba.
Las ideas que descarté.
Los errores.
Las dudas.
Los días en los que pensé que un proyecto no iba a funcionar.

Después de pensar en todo esto entendí que las redes sociales no muestran quiénes somos. Muestran la historia que decidimos contar. Y esa historia, poco a poco, también termina construyendo la forma en que los demás nos perciben.

¿Realmente elegimos qué mostrar… o las plataformas también toman decisiones por nosotros?

Hasta ahora hablamos mucho de nuestras decisiones.
De qué publicamos.
De qué elegimos mostrar.
Y también de todo aquello que preferimos dejar fuera de la pantalla.

Pero mientras escribía este artículo apareció otra pregunta ¿Y si no fuéramos los únicos tomando esas decisiones?

Pensemos en algo muy simple.
Entrás a Instagram. No ves todas las publicaciones de las personas que seguís.
Entrás a TikTok. No aparecen todos los videos que existen.
Abrís LinkedIn. Y tampoco ves las publicaciones en el orden en que fueron hechas.

Entonces…

¿Quién decidió que ese contenido apareciera primero?

La respuesta es bastante conocida. El algoritmo.

Aunque muchas veces usamos esa palabra sin detenernos a pensar qué significa realmente.
Un algoritmo no decide si un contenido es bueno o malo. Lo que hace es intentar predecir qué publicación tiene más posibilidades de captar nuestra atención.

Para hacerlo, analiza constantemente nuestro comportamiento:

– Qué publicaciones miramos durante más tiempo.
– Qué videos terminamos de ver.
– Qué comentarios escribimos.
– Qué publicaciones guardamos.
– Qué temas buscamos.

Con toda esa información arma un feed personalizado para cada persona. Es decir, dos usuarios pueden abrir Instagram al mismo tiempo…… y ver un mundo completamente distinto.

¿Eso significa que el algoritmo decide por nosotros?

No del todo.

Seguimos teniendo la libertad de elegir qué publicar.

Pero las plataformas también influyen en esas decisiones. Porque, aunque no nos demos cuenta, aprendemos rápidamente qué tipo de contenido recibe más “me gusta”, más comentarios o más visualizaciones.
Y eso muchas veces modifica la forma en que comunicamos.

Capaz elegimos una foto antes que otra.

Escribimos un título diferente.

Grabamos un video en lugar de una imagen.

O incluso dejamos de publicar algo porque creemos que “no va a funcionar”.

Sin darnos cuenta, empezamos a adaptar nuestra forma de comunicar a la lógica de la plataforma.

” Vivimos en una sociedad donde la exposición permanente parece haberse convertido en algo natural..” Byung-Chul Han

No porque alguien nos obligue.
Sino porque las propias dinámicas digitales nos invitan constantemente a participar, compartir y mostrarnos.

Cada notificación.
Cada comentario.
Cada “me gusta”.
Cada historia vista.

Funcionan como pequeños estímulos que nos animan a volver. Y, poco a poco, terminamos incorporando esas prácticas como parte de nuestra rutina.

No se trata de pensar que las plataformas controlan completamente nuestras decisiones. Se trata de reconocer que también forman parte del contexto en el que esas decisiones se toman.

Entonces…

Entendí que la pregunta no es si las redes sociales son buenas o malas. La pregunta es mucho más interesante.

¿Cuánto de lo que publico responde realmente a una decisión personal… y cuánto está influenciado por la forma en que funcionan las plataformas que uso todos los días?

Y, sinceramente, creo que esa es una pregunta que vale la pena hacerse.

Si te interesa profundizar esta idea, te recomiendo esta charla. Explica de forma muy clara cómo las plataformas organizan la información que consumimos y por qué eso influye en nuestras decisiones diarias.

Entonces… ¿qué hacemos con todo esto?

No creo que la solución sea dejar de usar las redes sociales.
Tampoco pienso que compartir nuestra vida esté mal.
Después de todo, las plataformas digitales también nos permiten aprender, trabajar, conocer personas y construir comunidades.

El problema aparece cuando dejamos de preguntarnos por qué hacemos lo que hacemos.

Después de escribir este artículo empecé a mirar mis propias redes de otra manera.
No porque quiera publicar menos.
Sino porque ahora me hago una pregunta antes de compartir algo.

¿Lo estoy publicando porque realmente quiero hacerlo… o porque siento que debería hacerlo?

Puede parecer una diferencia muy pequeña.
Pero creo que cambia completamente la forma de relacionarnos con Internet.
Quizás nunca podamos escapar por completo de los algoritmos.
Ni de las tendencias.
Ni de la necesidad de compartir.

Pero sí podemos recuperar algo muy valioso.
La capacidad de decidir de manera consciente.
Porque, al final del día, nuestra identidad digital no se construye con una sola publicación.
Se construye con cientos de pequeñas decisiones.
Y tal vez la más importante sea volver a preguntarnos si esas decisiones siguen siendo realmente nuestras.

Una última pregunta

Las redes sociales cambiaron la forma en que mostramos nuestra vida.

¿También cambiaron la forma en que vivimos?

No tengo una respuesta definitiva. Pero después de leer a Scolari, Han y pensar en mis propias prácticas digitales, estoy convencida de algo: entender cómo funcionan los medios digitales también implica entender cómo nos transforman a nosotros.

¿Y vos qué opinás?

– ¿Alguna vez publicaste algo solo porque sentías que “había que hacerlo”?
– ¿Creés que las redes muestran quiénes somos o solo una parte de nosotros?
– ¿Las plataformas influyen en tus decisiones más de lo que imaginabas?

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